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Cuando Irán cerró el estrecho de Ormuz, nadie se atrevió a cruzarlo. Nadie excepto un superyate ruso de 300 millones
Desde hace meses, el estrecho de Ormuz ha sido uno de los lugares más peligrosos del mundo para navegar. Petroleros anclados durante semanas enteras, cargueros dando media vuelta con sus bodegas vacías y seguros marítimos con unos precios inalcanzables por el alto riesgo de recibir un misilazo desde las costas de Irán.
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