El gimnasio de los Picapiedra existe, y lo hemos probado: sus máquinas están hechas con palos, piedras y chatarra
Extracto disponible de la fuente. Texto original en Xataka.
Cuando uno piensa en hacer ejercicio, lo primero que suele venir a la mente es apuntarse a un gimnasio. Pagar una mensualidad, ir los primeros días, buscar una excusa para reducir la asistencia y, al final, terminar pagando sin acudir. ¿Quién no ha pasado por esto tras las vacaciones?
