El precio del desorden institucional en un ciudadano ético
El precio de combatir el desorden institucional puede ser la incomprensión, el agotamiento y la soledad; pero el precio de tolerarlo es aún mayor: perder la dignidad, la confianza colectiva y el futuro de la institución.

Extracto disponible de la fuente. Texto original en El Nuevo Diario. Los comentarios son de la comunidad SAFRA, no del medio.



