En 1879, un cartero empezó a recoger las piedras que aparecían en su camino: 33 años después, su jardín albergaba un descomunal palacio
La historia de Ferdinand Cheval tiene algo de fábula: durante una jornada de trabajo aparentemente rutinaria, un cartero francés tropezó con una piedra, se la guardó y terminó dedicando buena parte de su vida a convertir las piedras encontradas durante sus recorridos en un palacio.

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