En 1919, Alemania hundió su propia flota para que no cayera en manos enemigas. La era nuclear convirtió sus restos en un tesoro inédito
En 1919, Alemania tomó una decisión desesperada para impedir que los vencedores de la Primera Guerra Mundial se repartieran su flota: hundirla. En apenas unas horas, decenas de acorazados, cruceros y destructores desaparecieron bajo las aguas de Scapa Flow.

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