En 1946, Argentina soltó 20 castores en Tierra de Fuego. Ahora se han convertido "la mayor alteración paisajística desde la última glaciación"
En 1945, la Secretaría de Marina de la República Argentina pidió 50 castores a Canadá. La idea era sencilla: sobre el papel, Tierra del Fuego (que entonces estaba administrada por la Secretaría) tenía todo para convertirse en una potencia peletera: ríos, bosques y frío. Canadá respondió a la llamada.




