Los nuevos bandidos de Río Frío
Un día tormentoso de 1886, desde una ventana del consulado mexicano de Santander, España, el cónsul Manuel Payno miró la costa melancólica del Cantábrico y de pronto sintió que lo aguijoneaba la nostalgia. Había cumplido 66 años y estaba enfermo de la vista.

Texto original en El Universal. Los comentarios son de la comunidad SAFRA, no del medio.


