Pablo Cerezo, sociólogo: «Si lo analizas, lo más normal es tatuarse. La anomalía histórica y antropológica es no hacerlo»
En el gimnasio, en la playa, en la piscina de la comunidad de vecinos, en el parque o el centro comercial. Seguro que hasta en tu oficina. No importa dónde estés, si observas con atención y el tiempo suficiente es (muy) difícil que no te encuentres con alguien tatuado.




